viernes, 24 de septiembre de 2010

Un pozo sin fondo

Era el cumple de Bruno y como de costumbre salí antes de catequesis, y me dispuse a esperar a mis padres, pero me fui a dar una vuelta por los alrededores. Me acuerdo de que salte la verja y entre en la charca ,que ahora esta bien protegida de cualquier niño, miré el panorama y vi a los pececillos. Luego fui hacia aquella granja y salió aquel perro y se abalanzo hacia mi yo retrocedí lentamente y justo cuando me iba a alcanzar me caí en un inmenso agujero, aquel agujero por suerte era un pozo y tenía agua. Comencé a rezar con todas mis fuerzas pero vi que no servía de nada, así que recordé todos aquellos cursillos de escalada que hacía cada verano con mi tío, y me dispuse a escalar aquella torre subterránea. Saqué todas mis fuerzas, y comencé a escalar pero me resbalaba, hasta que conseguí llegar a la mitad del camino que era una viga de madera vieja. Descanse mi tiempo y vi que había un agujero dentro del pozo así que me puse la meta de llegar allí pero para eso tenía que volver a arriesgarme a escalar y con muchas probabilidades de caerme de nuevo. Comencé poniendo el pie derecho, y me resvale y caí de nuevo al agua, así que me toco comenzar de nuevo. Volví a llegar de nuevo a la viga y me ti un salto hasta llegar a aquel cable del tendido eléctrico y conseguí por fin llegar a aquel agujero, en el cual había una puerta que me conduciría a la libertad, pero esta cerrada para mi mala suerte. Tras ver que no podía romperla empecé a examinar el lugar en el que estaba y rayos de sol entraban por el techo así que sin pensármelo dos veces salte hacia arriba y me cargué el techo de aquella trampilla.

Hoy sigo vivo, gracias a mi afan de superación ante grande adversidades y doy gracias de ser quien soy porque si hubiese pensado que rezar me hubiera servido para algo hoy nadie leería esta historía y no estaría entre los "vivos".

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